En España todo el mundo aficionado al fútbol conoce Innsbruck, allí comenzó la etapa dorada de la selección española, aunque últimamente parece haber perdido algo de brillo. Sin embargo, el valle del río Inn ofrece a los amantes de la montaña un mundo rebosante de posibilidades…además de recuerdos futboleros. Le propongo pasar un fin de semana fantástico con el plato grande y a toda pastilla.

A poco más de dos horas de vuelo se llega a Múnich desde cuyo aeropuerto se pueden coger autobuses por unos 8 euros dirección Innsbruck (a 100 km) . La primera tarde uno puede perderse por el casco antiguo de la ciudad desde donde le contemplan más de 600 años de historia imperial. Como el Tejadillo de Oro, tesoro del renacimiento, con 2675 tejas de cobre chapadas en oro, y construido por el emperador Maximiliano I a su esposa, a la que, por lo visto, no hacía ni repajolero caso. Visita obligada es la Iglesia de la Corte, donde se encuentran 28 figuras de bronce, “gigantes negros” que rodean el cenotafio del emperador Maximiliano I, Max para los amigos. Entre las grandes estatuas figura la de Felipe el Hermoso, como duque del Tirol y rey de Castilla ¿Usted lo sabía? Yo lo descubrí allí. También hay que recorrer las estancias del Palacio Imperial, uno de los tres monumentos culturales más importantes de Austria, y aunque cuentan que a Sisi emperatriz no era le gustaba mucho, vale la pena la visita.

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